
Sinopsis
Él es un chico perdido. Ella es la chica que podría convertirse en el hogar que nunca tuvo.
Joey Lynch, el segundo hijo de un matrimonio roto, lleva toda la vida recogiendo los pedazos de una familia en descomposición. Cuando su hermano mayor, Darren, abandona la ciudad, Joey se ve obligado con tan solo doce años a asumir el papel de protector de su madre y sus hermanos pequeños. Atormentado por el odio que siente hacia sí mismo y furioso con el mundo, afronta la vida adolescente y el inquebrantable sentido del deber que le profesa a su familia mientras avanza peligrosamente hacia una vida de adicción que amenaza con engullirlo por completo. La única luz en ese mar de oscuridad es la vivaracha hija de su jefe, una chica que nunca se echa atrás y que da la casualidad de que va a su clase.
Aoife Molloy nunca ha pecado de tímida. Su carácter dicharachero y seguro de sí mismo nunca la ha llevado por mal camino. Hasta que el primer día de instituto conoce a un chico de temperamento impulsivo que despierta en ella una curiosidad abrasadora que crece día a día.
Tras entablar una complicada amistad con el aprendiz de su padre, Aoife intenta desentrañar los secretos que rodean la vida de Joey Lynch, mientras que él lucha desesperadamente por mantenerla al margen.
¿Por qué lo hemos leído?
Hemos necesitado un año para poder continuar con esta saga. La historia de Shannon y Johnny nos dio taaaanto cringe que necesitábamos superarlo, aunque cada vez que pensamos en ellos aun tenemos algún que otro escalofrío.
Reseña
Joey ha dedicado toda su vida a cuidar de sus hermanos y de la casa, sufriendo y aguantando todo para que su familia no lo tenga que hacer. Aoife es todo corazón y fortaleza, así que cuando el primer día de instituto cruzan miradas, el resto es historia.
Nos metemos de lleno en una historia donde la trama (para nuestra desgracia) es 90% Joey y Aoife. Pasando de drama en drama, de desgracia en desgracia, de pelea en pelea y de toxicidad en toxicidad.
Así que gente, que no os engañen, esto es un drama romántico (pero dramón dramón), porque a día de hoy seguimos buscando los “sports” que nos prometen en todos los lados.
La ambientación creemos que está muy bien integrada. Nos ha resultado muy fácil visualizar los bajos fondos de Ballylaggin. También está muy bien explicada la diferencia social, y como depende de donde nazcas o estudies, tienes unas oportunidades u otras, influyendo directamente en el futuro que les espera. Esto no solo aparece en los protas si no en el resto de personajes que aparecen en la historia.
Por otro lado, y con comillas, creemos que el tema de la adicción está bastante bien explicado, sobre todo la parte de cómo una persona adicta acaba convirtiéndose en adicto y lo difícil que es salir de ahí, haciendo que incluso llegues a empatizar aunque no compartas las decisiones que toma. Ya os decimos que hay cosas que no, pero en general está bastante bien metido.
Reconocemos que el libro se lee solo y que el ritmo es bastante ágil, no lo vamos a negar, los diálogos (que nos han parecido bastante afilados e ingeniosos) han hecho que las páginas pasen solas.
Eso sí, tenemos que decir que en algunos momentos se nos ha hecho largo y repetitivo. Nos daba la sensación de que hay tantas escenas iguales y que quieren explicar lo mismo que al final el mensaje pierde fuerza y se nos ha hecho pesado como un kebab para cenar.
Tampoco hay muchos plot twist que nos sorprendan porque es bastante lineal y muchas cosas ya sabemos que suceden por los anteriores libros.
Sí que nos ha gustado y nos ha sorprendido que empiece desde el día que se ven por primera vez, porque eso nos ha dado un contexto más amplio y real de su relación aunque con 12 años hablaran como si tuvieran 35.
Y con respecto a los protagonistas, Joey ya venía con puntos positivos de los anteriores libros, porque nos había flipado como secundario y queríamos saber más.
Nos ha gustado ver el arco del personaje completo con sus subidas y caídas. Es importante decir que aquí nos vamos a meter de lleno en una historia de amor tóxica a niveles estratosféricos, y no solo por la parte de Joey, porque aquí nuestra amiga Aoife tiene tela también. Joey es dependiente de las drogas pero Aoife es dependiente de Joey. Y aunque ella es un personajazo, nos ha parecido muy incongruente en lo que decía y lo que hacía, así que en alguna que otra ocasión hemos querido zarandearla para que espabilase.
Podríamos hablar de los secundarios, pero no los hemos encontrado. Que sí, que están en el libro, pero tienen tanta importancia como un botón… y eso nos cabrea porque nos habría dado mucho más contexto con respecto a la relación entre los principales y sus conflictos.
El final es el que tenía que ser, para darle sentido a un segundo libro. Aún tienen que pasar muchas cosas que ya sabemos que pasan, así que nos espera otro tocho de más drama, más falta de comunicación y más toxicidad.
Si fueran dos libros de 400 páginas lo aguantaríamos sin problema, pero nos da mucho miedo otro tocho de 800 páginas con el mismo drama en bucle.
Que nos ha gustado más que los anteriores está más claro que el agua. Los personajes nos caen infinitamente mejor y sorprendentemente casi no nos han dado cringe (algún escalofrío hemos tenido).
Eso sí, no es para nada un libro juvenil y hay más red flags de las que podemos contar.
El trasfondo de la historia es muy chunga y hay mensajes que hay que coger con pinzas porque ojo, el amor incondicional no lo puede todo.



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